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Amar el cuerpo que te ha traído hasta aquí

  • Foto del escritor: María Virginia Villamayor Dorotte
    María Virginia Villamayor Dorotte
  • 23 jul
  • 2 min de lectura

A veces el cuerpo no necesita cambiar. Necesita que cambiemos la forma de mirarlo.



Hay una idea que me acompañó durante muchos años. Creía que iba a empezar a querer mi cuerpo cuando cambiara. Cuando fuera más delgada. Cuando desaparecieran las imperfecciones. Cuando dejara de compararme. Pero el tiempo me enseñó algo muy diferente. El amor no llega después del cambio. Muchas veces, el cambio empieza cuando aparece el amor.


Durante años escondí mi brazo derecho. Me costaba aceptar partes de mí que sentía diferentes. Hasta que un día entendí que mi cuerpo nunca había estado en mi contra. Había respirado por mí desde el primer instante. Había sostenido cada alegría y cada tristeza. Había caminado conmigo en cada etapa de mi vida. Había abrazado a las personas que amo. Había atravesado pérdidas, aprendizajes, maternidad, trabajo, viajes y nuevos comienzos.


Entonces me pregunté…


¿Cuántas veces le agradecí todo eso?


Muy pocas. Y creo que no soy la única. Vivimos en una cultura que nos enseña a observar el cuerpo desde la crítica. A buscar lo que sobra. Lo que falta. Lo que debería cambiar. Pero casi nunca nos invita a detenernos y reconocer todo lo que nuestro cuerpo hace por nosotros cada día. No necesitamos amar cada centímetro de nuestro cuerpo todos los días. Pero sí podemos empezar a tratarlo con más respeto. Con descanso. Con movimiento. Con buena alimentación. Con palabras amables. Con paciencia. Porque el cuerpo no necesita que lo odiemos para transformarse. Necesita sentirse cuidado.


Y, curiosamente, cuando empezamos a cuidarlo desde el amor y no desde el castigo, algo también cambia dentro de nosotros. Creo profundamente que el bienestar también se contagia. Cuando una mujer empieza a tratarse con más ternura, algo se mueve a su alrededor. Lo veo en mi mamá. Lo veo en mí.


Y me gusta pensar que cada paso hacia nuestra propia sanación puede inspirar, acompañar o abrir un camino para otras mujeres. A veces son nuestras hijas, nuestras madres o nuestras amigas. Otras veces es alguien que nunca conoceremos, pero que necesitaba leer exactamente estas palabras. Por eso decidí grabar esta meditación. No para enseñarte a cambiar tu cuerpo. Sino para ayudarte a reconciliarte con él. A regalarle un abrazo. A agradecerle todo lo que hizo por vos. Y a recordar algo que, ojalá, nunca vuelvas a olvidar:


Tu cuerpo nunca fue el problema. Es el lugar desde donde vivís cada una de tus historias. Y merece ser amado.


🎧 Escuchá la meditación completa

Si sentís que este mensaje resonó con vos, te invito a escuchar “Amar el cuerpo que te ha traído hasta aquí”, una meditación guiada que grabé para acompañarte a volver a habitar tu cuerpo con más gratitud, más respeto y mucho amor.

Ya está disponible en Spotify. 🤍



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