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La recomendación que cambió mi forma de vivir la menstruación

  • Foto del escritor: María Virginia Villamayor Dorotte
    María Virginia Villamayor Dorotte
  • 11 jul
  • 3 min de lectura

Durante muchos años usé toallitas como la mayoría de las mujeres. Nunca me había detenido a pensar que existían otras alternativas, hasta que una compañera de trabajo, cuando todavía trabajaba en una oficina, me habló de la copa menstrual.



Recuerdo que me contó lo cómoda que era y cómo le había cambiado la forma de vivir su menstruación.

La escuché con curiosidad. Ese mismo día salí de la oficina, fui a Farmashop y compré mi primera copa menstrual. Era de Pink Lady.

No imaginaba que esa recomendación iba a cambiar por completo una rutina que había tenido durante tantos años.


Sí, al principio parece difícil


No voy a decir que fue sencillo desde el primer día.

Aprender a colocarla y retirarla requiere práctica. Como cualquier hábito nuevo, necesita tiempo y paciencia.

Pero el cuerpo aprende.

Y el cerebro también.

Lo que al principio parece extraño, después se vuelve completamente natural. Hoy no podría imaginar mi menstruación de otra manera.


Descubrí una libertad que no conocía


Lo que más me sorprendió no fue aprender a usarla.

Fue olvidarme de que estaba menstruando.

Dependiendo del flujo y del tamaño de la copa, muchas veces solo necesito vaciarla una o dos veces al día. Puedo trabajar, entrenar, viajar o salir sin estar pendiente de cambiar una toallita cada pocas horas.

También desapareció esa sensación de humedad o incomodidad que muchas veces generan los productos descartables.

Simplemente sigo con mi día.

Y esa libertad, para mí, no tiene precio.


Una decisión buena para mí… y también para el planeta


Con el tiempo apareció otra razón para seguir usándola.

Empecé a pensar en la enorme cantidad de residuos que genera una mujer a lo largo de su vida utilizando productos descartables durante cada ciclo menstrual.

Una copa menstrual, con los cuidados adecuados, puede durar varios años.

Eso significa menos residuos, menos consumo y también un ahorro económico.

A veces creemos que cuidar el medio ambiente implica hacer grandes cambios. Sin embargo, muchas veces empieza por decisiones cotidianas.

Para mí, la copa menstrual fue una de ellas.

Porque descubrí que podía cuidar mi cuerpo y, al mismo tiempo, reducir mi impacto en el planeta.


Las vueltas lindas de la vida


Hay una historia detrás de esta recomendación que siempre me hace sonreír.

Años después de haber comprado aquella primera copa por el consejo de una compañera de trabajo, Pink Lady me invitó a participar en una campaña durante mi embarazo de Vicente.

Acepté con muchísimo entusiasmo porque no estaba conociendo una marca nueva. Ya era usuaria.

Y creo que esa es la mejor manera de hablar de un producto: desde una experiencia real.

La vida tiene esas coincidencias inesperadas. Una recomendación que empezó en una oficina terminó convirtiéndose, años después, en una colaboración que disfruté muchísimo.



Hay una opción para cada mujer


Aunque hoy la copa menstrual sigue siendo mi primera elección, me gusta que Pink Lady ofrezca distintas alternativas para acompañar cada etapa y cada necesidad.

Las bombachas menstruales absorbentes son una excelente opción para quienes recién empiezan, para quienes todavía no se animan a probar la copa, para los días de menor flujo o simplemente para dormir con mayor tranquilidad.

Lo que más valoro es que la marca entiende que no existe una única forma de vivir la menstruación.

Cada mujer es distinta.

Y cada una merece encontrar la opción con la que se sienta más cómoda.


¿Por qué comparto esta historia?


No escribo este artículo para decirte qué deberías usar.

Lo comparto porque una recomendación sincera cambió mi experiencia y creo que puede hacer lo mismo por otras mujeres.

Eso es justamente lo que quiero construir en esta sección de Lifestyle.

Compartir productos y experiencias que realmente forman parte de mi vida. Algunas recomendaciones nacen de años de uso y otras de colaboraciones con marcas, pero siempre hay algo que no cambia: solo comparto aquello que uso, en lo que confío y volvería a elegir.

Porque, al final, mi compromiso siempre será con quienes me leen.


Mi recomendación


Si alguna vez sentiste curiosidad por probar la copa menstrual pero todavía no te animaste, te diría lo mismo que aquella compañera de trabajo me dijo hace algunos años: dale tiempo.

Los primeros intentos pueden parecer incómodos, pero el cuerpo aprende y el cerebro también.

Quizás, dentro de un tiempo, estés recomendándosela a otra mujer.

Como ocurrió conmigo.


Las mejores recomendaciones no nacen de una publicidad. Nacen de una experiencia que vale la pena compartir.

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