top of page

Ritualizar la vida: por qué elegí los rituales como una forma consciente de bienestar

  • Foto del escritor: María Virginia Villamayor Dorotte
    María Virginia Villamayor Dorotte
  • 12 ene
  • 3 Min. de lectura

Durante mucho tiempo hice rituales sin nombrarlos como tales. Pequeños gestos, pausas, escrituras, cierres internos. Hasta que un día me escuché preguntándome, con honestidad: ¿por qué vuelvo una y otra vez a este espacio?



No fue una pregunta que vino de afuera. Nadie me pidió explicaciones. La pregunta nació desde adentro, desde la experiencia repetida de sentir que, cada vez que ritualizaba un momento, algo se ordenaba por dentro.

Este texto nace de esa necesidad íntima: poner en palabras por qué los rituales se volvieron parte de mi manera de vivir, de acompañarme y de cuidar mi bienestar. No como una práctica mística desconectada de la realidad, sino como una forma profundamente humana, y también terapéutica; de habitar la vida con más consciencia.


El ritual como pausa en un mundo acelerado

Vivimos inmersos en estímulos constantes: información, exigencias, comparaciones, urgencias. Nuestro sistema nervioso rara vez descansa.

Desde una mirada neurocientífica, el cerebro necesita marcadores de pausa y sentido para regularse. Los rituales funcionan como esos marcadores: crean un inicio y un cierre, delimitan un tiempo especial, distinto al automático.

Cuando realizamos un ritual, aunque sea simple, le estamos diciendo al cerebro: “Ahora es momento de estar presente.”

Esto activa estados de mayor calma, reduce la dispersión mental y favorece la autorregulación emocional.


Ritual, cerebro y sistema nervioso

La neurociencia muestra que la repetición consciente de acciones simbólicas:


• reduce la hiperactividad del sistema de alerta,

• fortalece la sensación de control interno,

• mejora la capacidad de atención y enfoque,

• disminuye la ansiedad anticipatoria.


Cuando encendemos una vela, escribimos una intención, respiramos con consciencia o cerramos un ciclo de manera ritualizada, el cerebro interpreta coherencia. Y donde hay coherencia, hay calma.

No es la vela en sí. No es el papel. Es el significado que le damos a la experiencia.


Ritual y psicoterapia: dar forma a lo interno

Desde la psicoterapia, los rituales cumplen una función fundamental: poner en forma lo que es difuso.

Las emociones no expresadas, los cierres pendientes, los deseos no nombrados generan tensión interna.

El ritual permite:

• simbolizar procesos internos,

• elaborar duelos y transiciones,

• ordenar deseos,

• dar cierre a etapas,

• iniciar nuevas narrativas personales.


Escribir una intención no es solo escribir. Es clarificar. Es elegir. Es pasar del ruido mental a una dirección interna.


Meditación, escritura y ritual: una tríada poderosa

Cuando combinamos ritual con meditación y escritura, ocurre algo profundo.

La meditación aquieta la mente. La escritura organiza el pensamiento. El ritual encarna el deseo.

Juntas, estas prácticas crean una experiencia integradora que involucra mente, cuerpo y emoción. No se trata de cambiar la vida de un día para el otro. Se trata de habitarla con más presencia.


Por qué comparto rituales

Comparto rituales porque creo profundamente que todas las personas necesitamos espacios simbólicos para volver a nosotras.

No para depender de ellos. No para buscar respuestas afuera. Sino para recordar que la guía siempre estuvo adentro.

Un ritual no te dice qué hacer. Te acompaña a escucharte.


Ritualizar la vida cotidiana

No hace falta algo complejo.


Un ritual puede ser:

• escribir antes de dormir,

• agradecer al cerrar el día,

• respirar conscientemente al comenzar la mañana,

• marcar un cierre emocional,

• intencionar un nuevo comienzo.

Cuando ritualizamos la vida, dejamos de vivir en automático. Y eso, en sí mismo, es una forma profunda de bienestar.


Para mí, hacer rituales es…

Una terapia de vida consciente. Una manera amorosa de ordenarme por dentro. Un puente entre lo emocional, lo mental y lo espiritual.

Un recordatorio de que vivir con presencia también es una elección.

Y quizás, al final, de eso se trate: no de cambiarlo todo, sino de estar realmente acá.


Un cierre para volver a vos

Ritualizar la vida no es sumar más exigencias. Es aprender a crear espacios de pausa en medio del movimiento. Es escuchar lo que pide ser cerrado, iniciado o simplemente acompañado.

Si este texto resonó contigo, te invito a probar algo simple hoy:

Apagá el ruido por unos minutos. Respirá profundo. Escribí una intención, un agradecimiento o un cierre. No para hacerlo perfecto, sino para hacerlo consciente.

Tal vez ahí empiece algo nuevo. O tal vez, simplemente, vuelvas a ti.

Y eso, muchas veces, es más que suficiente.


Con mucho cariño,

Vicky Virginia.

Comentarios


bottom of page